viernes 27 de febrero de 2009

Es de noche, y un perro imperial de color oro ladra amenazante a la entrada de la calle. Rodeo la manzana y llego a casa por el otro extremo. Por la mañana subo la persina y me asomo al nuevo día. Soleado y frío, muy madrileño. Frente a la casa donde vive, tumbado al lado de sus amigos del barrio, toma ya el sol relajado y orgulloso.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estas notas, que no parecen nada, son mucho. Destilan una sorpresiva y contundente poesia. Se agradece.

Rafa